Mi master en «Cómo ser Persona»

He decidio estudiar mi Master en Cómo ser Persona; una «Escuela de Vida» dónde se formen seres humanos dignos, conscientes, solidarios y dispuestos a vivir revolucionariamente, es decir, desde el amor.

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«Prácticas de Diálogo». Encuentro de Jóvenes de Semana Santa 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Con el Grado en Estudios Ingleses casi entre las manos, habiendo hecho los últimos exámenes y ya en proceso de despedirme de mi universidad y mi ciudad, no puedo evitar reflexionar sobre lo que me ha aportado este tiempo. Y es que en cinco años de carrera he aprendido muchas cosas, que me han acompañado y me acompañarán, convirtiéndome en una persona bastante distinta a la chica de 18 años que decidió meterse de cabeza a estudiar lo que más le apasionaba en ese momento.

Algunas de las cosas que he aprendido en este tiempo han llegado a mí en un aula, como la habilidad de comprender algo de lo que alguien escribió en un poema del siglo XI, o el hecho de que todo el conocimiento lingüístico que tenemos es una abstracción inventada, como un mapa en una servilleta, en un intento de comprender uno de los sistemas más complejos que conoce el cerebro humano.Otras cosas las he descubierto charlando en la cafetería, en el césped de la facultad, de tapas o en encierros de estudio: que se aprende mucho mejor en compañía, y que los gritos que llevamos en silencio muchas veces son compartidos, aunque todas esperemos que sea otra la que se atreva a soltarlos primero. En pisos de estudiantes he aprendido lo fácil y lo difícil que puede ser el día a día, la paciencia y comunicación constante que hay que tener para llevarse bien con las compañeras y (sobre todo) con una misma. Muchas cosas las he aprendido desde el sindicalismo y la representación estudiantil: cómo funciona un sistema marcado por sus relaciones de poder, en qué consiste organizarse para conseguir que se oigan las voces ignoradas, y por encima de todo, que siempre habrá personas dispuestas a emplear desinteresadamente su tiempo y esfuerzo en mejorar un poco este mundo roto.

Pasar por la universidad es un privilegio al que no todo el mundo puede acceder. Con sus fallos, con sus injusticias y problemas, ha sido el centro de una etapa de mi vida muy importante, y mayormente positiva. Así que me siento muy agradecida a mi familia por ofrecerme esta oportunidad, y a todas las personas que me han rodeado y apoyado durante cinco años.

Ahora que termina esta etapa y me pregunto por lo que viene ahora, sin embargo, también toca reflexionar sobre las cosas que aún no he aprendido. Porque son ésas las que toca buscar ahora, las que me guiarán fuera de la zona de confort hacia los huecos de mi formación. Hay mucho que no sé, que no he sabido aprender o que el sistema educativo y social no se preocupa por transmitir. Mucho que incluso la mayoría de personas adultas, con y sin carreras universitarias, desconocen durante toda su vida.

Y es que tras veintitrés años sobre este mundo, no tengo ni la más remota idea de cómo averiguar quién soy “yo”. Cómo mirar en mi interior, comprenderlo, aceptarlo, diferenciar lo real de lo aparente. Cómo gestionar mis emociones y pensamientos para que no pasen de la actividad frenética al bajón de la pasividad indiferente, que me atrapa durante días y convierte en absurdo lo que antes parecía esencial. Cómo estar presente a cada momento de lo cotidiano, sabiendo apreciarlo sin sufrimiento por el ayer y el mañana. Cómo vivir “integrada”, haciendo lo que digo y diciendo lo que pienso, sin autoengaños ni sabotajes. Cómo entender e interactuar con una sociedad injusta, desequilibrada y deshumanizada. Cómo mantenerme en mi centro, sin dejarme arrastrar por las oleadas de distracciones que llevan a la apariencia, al interés, a la insensibilidad. Cómo tratar a quienes me rodean, viendo seres humanos complejos y completos más allá de mi relación con ellos. Cómo, en definitiva, ser persona.

Entiendo que todo esto es parte del proceso de madurez. Estas preguntas son normales, son el impulso para seguir creciendo y aprendiendo. Lo que no entiendo es cómo podemos no hacer de esta búsqueda nuestro trabajo a tiempo completo. Cómo nos vamos dedicando a “ganarnos la vida”, a buscar la seguridad y la comodidad, permitiendo que las preguntas cruciales pasen a un segundo plano y el mundo se nos vaya comiendo. Nos pasamos la vida perdiéndonos en distracciones, mientras la vida se nos va pasando sin dejar mella.

Por ello veo urgente continuar mi educación de una forma bastante distinta. La próxima vez que me pregunten si voy a hacer un Máster, diré que sí, por supuesto. Un Grado sin Máster, después de todo, ya no vale para nada. Pero si hay que hacerlo, qué menos que elegir ése que me ofrezca más posibilidades de estar cualificada para mi futuro, para los mayores retos a los que me enfrentaré a lo largo de la vida. Y esto, mal que le pese a mi yo de 18 años, no incluye una especialización en lingüística, ni en educación, ni en sociología. Lo que necesito es un Máster en Cómo Ser Persona.

Estos másteres son formaciones un poco extrañas, que empiezan y nunca acaban, que no suelen necesitar hoja de matriculación, y donde los profesores enseñan mucho más con su vida que con sus palabras. A veces la tarea que se lleva a cabo en ellos es la de recordar lo que ya sabías a los 5 años, y has ido olvidando poco a poco. Este Máster se puede encontrar en distintos sitios, aunque suelen ser universidades más bien curiosas. He oído que a veces tienen la forma de viviendas familiares, granjas, casas de campo, comunidades autogestionadas. Se encuentra ocasionalmente en monasterios, en centros budistas, en talleres de danza. Sé de gente que lo ha estudiado en una organización política, y algún otro lo encontró en una cueva en mitad del desierto.

Yo me he decidido por estudiar mi Máster en Cómo Ser Persona en un lugar llamado Mas Vilartimó, una masía en el Pre-Pirineo catalán. Este lugar lleva un año cambiándome la vida, y demostrándome que es posible encontrar algo completamente distinto a lo que día a día vemos. Me convencen porque se les ven las malas intenciones a la legua: mantener una “Escuela de Vida” donde se formen seres humanos dignos, conscientes, solidarios y dispuestos a vivir revolucionariamente, es decir, desde el amor.

Mi Máster empieza en septiembre, y creo que nunca he tenido tantas ganas de ponerme a estudiar.

-Amanda Molas, residente desde Septiembre de 2015 en Mas Vilartimó.


Me fui a los bosques para vivir la vida a conciencia;

para extraer a la vida todo el meollo,

Dejé todo, menos la vida,

para no llegar a la muerte sin haber vivido

-David Thoreau

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Huerto de Vilartimó 2016